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Política y literatura en la obra de Gamerro

  • Periodista: Milena Heinrich
  • Publicada en: Télam,

Realidad y ficción son la bisagra de una historia situada en la Argentina de los 70, un período que Gamerro conceptualiza como "historia vivida", aquella que cuenta con la memoria del escritor.

Aunque "no se basa únicamente en mis recuerdos: como fuente de escritura prefiero la imaginación a la memoria. Pero el disparador de mi imaginación es sobre todo la investigación", cuenta a Télam.

Así, la política vuelve a serpentear por la escritura de Gamerro. ¿Qué tiene ese período que fascina a lectores y autores? "No diría que el peronismo es un hecho recurrente `en la literatura`. Es, desde 1945, constante en nuestra vida toda, es nuestro presente y por lo que puede vislumbrarse, nuestro futuro por mucho tiempo. Desde el 2001 cuando estaba imaginando la novela hasta el momento actual toda la política argentina se juega dentro del peronismo".

"Desde entonces somos todos peronistas `sans le savoir`, los gorilas son peronistas que se auto odian. Eso no debería asombrarnos, visto desde una perspectiva mundial, el peronismo es la única idea política que la Argentina ha tenido en sus doscientos años de historia".

Reeditada por el sello Edhasa (2004;2012), la novela forma una suerte de trilogía junto con "Las Islas" y "Un yuppie en la columna del Che Guevara", en la cual esta última "completa la historia de `La aventura´y juntas constituyen una secuela de ´Las Islas´", precisa Gamerro, autor de cuentos, novelas y ensayos.

Noventa y dos bustos de Eva Perón en las oficinas de un imperio inmobiliario exige Montoneros para el rescate del empresario Tamerlán y únicamente Ernesto Marroné, un fanático ejecutivo de élite, puede llevar adelante esa descabellada tarea en un contexto de violencia, tomas y luchas obreras de la década del 70.

En esa aventura de encuentros y desencuentros, Marroné irá descubriendo un frenético universo de descamisados, acaso el espejo de su propio destino. Este jefe de compras se desliza por la trilogía de Gamerro con múltiples personalidades que van desde un militante revolucionario a un próspero y agobiado capitalista.

"Siempre me cayó simpático Marroné. Cuando se me ocurrió la idea de contar la historia de cómo su jefe, el magnate Fausto Tamerlán, fue secuestrado por Montoneros, me pareció que Marroné, siendo el jefe de compras era el más indicado para conseguir los bustos y mediar entre los secuestradores y la familia y la empresa", cuenta Gamerro, también autor de "El secreto y las voces".

Pero también el señor Tamerlán es el misterio que sobrevuela la novela, el aura que sólo un adulador puede perseguir. Hasta para el propio autor pareciera ser un enigma: "A Tamerlán, dicho sea de paso, no lo retomo yo. El me retoma a mí. El manda y yo obedezco".

La extensa novela macera un tono absurdo y hasta a veces irónico de la militancia anclado en la figura de Marroné, pero -advierte Gamerro- "si aceptamos la premisa de que toda sátira implica un homenaje. Me pareció interesante confrontar el cliché noventista del guerrillero devenido empresario con el cliché setentista del empresario devenido guerrillero".

En ese dramatismo devenido un tono desopilante es donde el autor juega con la figura de Eva: la desmenuza, desarma y la vuelve a dejar. Ante todo aclara, "suele aplicarse `desmitificación´ a mis novelas, pero yo prefiero `remitificación´"

"No me acerco al mito con la luz de la verdad, para borrarlo de las mentes de los hombres crédulos. Me acerco deslumbrado por su potencia, fascinado por su capacidad proteica de mutar y multiplicarse, y trato de meterme dentro, descubrir cuál es su lógica y ponerla a funcionar engendrando nuevos mitos", explica.

En este escenario de Evas, lucha de clases, negocios y violencia hasta el menos pensado vive su metamorfosis: Marroné encauzado en su misión secreta también se desencuentra de su próspero pasado.

¿Un montonero por error? "El error dispara su conversión, porque su entusiasmo por las técnicas de marketing lo lleva a usarlas con los obreros y luego con los Montoneros, y le va tan bien que lo toman por un cuadro formado en Cuba. Cuando la policía y la patota sindical irrumpe lo toman por monto, y pocas cosas son más definitorias que la identidad que nos otorga el enemigo".

Y la aventura viaja por más. "Se reencuentra con un admirado amigo de la infancia que se ha proletarizado y unido a Montoneros, se enamora de una joven guerrillera, descubre que obreros y militantes lo siguen, sus sueños de liderazgo se vuelven realidad, mientas que en el mundo empresarial sus colegas y hasta subordinados se burlaban de él y no lo tomaban en serio".

Ese personaje es también "un lector fanático, que no solo cree en todo lo que dicen los libros sino que cree que puede aplicarse sin más a la vida. Sus lecturas de cabecera son sobre todo libros de marketing y autoayuda, que te dicen cómo actuar y como vivir y él les cree y trata de seguirlos en todo", dice.

"Es un lector heroico, como Don Quijote. Ambos leen en clave única (el héroe de uno es el caballero andante, el del otro, el ejecutivo de éxito) y ambos suponen que cuando hay discrepancia entre los libros y la realidad, es la realidad que anda errada y debe ser corregida. Al final, terminan desengañados y aceptan la realidad. Pero esta aceptación es una forma de muerte", concluye.