¿Quién es Alain Mabanckou? Es un escritor franco-congoleño de gran reconocimiento en África y en Estados Unidos. Mantiene un gran vínculo con América Latina debido a su admiración por escritores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Ernesto Sábato y Mario Vargas Llosa. Referente de las letras francófonas, en 2015 se convirtió en el primer escritor africano en entrar al Colegio de Francia. Colonialismo, multilingüismo, interculturalismo, constituyen su marca de autor, así como el uso de la ironía y el sarcasmo para deslizar críticas sociales y denuncias contra el régimen comunista de su país.

En Ají Picante, un niño de apellido infinito vive en un orfanato desde bebé. Cada semana espera la llegada del cura, que es a la vez profesor, padre sustituto y fuente de esperanza. Pero estamos en el Congo, acaba de estallar una revolución comunista y los religiosos son expulsados. La doctrina del partido, la servidumbre a la que obliga el poder revolucionario, sus reglas estrictas, infectan la vida.

Publicada originalmente en 2015,  Ají Picante es el primer título de Mabanckou que llega a nuestro país. Es considerada una de las mejores novelas africanas contemporáneas traducida a diez idiomas. Así lo describe la periodista Paula Conde, quien le hizo una nota para Clarín Cultura que reproducimos a continuación:

 

Jueves 08/09/2022 12:00

 

¿Quién es Alain Mabanckou? ¿Quién es este escritor congoleño que habla con Clarín Cultura desde un hotel de Londres y a poco de empezar la videollamada sorprende al mencionar a Ernesto Sabato como uno de sus autores favoritos, al mismo tiempo que cuenta que “Messi” se ha convertido en un nombre –sí, un nombre– muy popular en su país como en otro tiempo lo fue “Pelé”? ¿Acaso leen Sobre héroes y tumbas en el Congo?

En otra de las apuestas del sello Edhasa por la literatura africana, acaba de editarse en el país Ají Picante, que publicada originalmente en 2015 y considerada una de las mejores novelas contemporáneas y traducida a diez idiomas es el primer título de Mabanckou que llega a tierras argentinas.

Si su nombre resuena poco y nada por estos lados o si su nombre no ha sonado aún para el Premio Nobel no es porque le falte talento o currículum a este hombre nacido en la ciudad costera de Pointe Noire, en la República del Congo o Congo Brazzaville, hace 56 años.

Referente de las letras francófonas, en 2015 se convirtió en el primer escritor africano en entrar al Colegio de Francia. Colonialismo, multilingüismo, interculturalismo, constituyen su marca de autor, así como el uso de la ironía y el sarcasmo para deslizar críticas sociales y denuncias contra el régimen de su país, lo que le ha valido el exilio.

En otras palabras, Mabanckou no es bienvenido en Congo, país del que se fue a los 22 años rumbo a Francia, donde tenía una beca de estudio. Reticente a verlo convertido en docente, mamá Pauline soñaba con verlo convertido en abogado. No hubo caso. Mabanckou es hoy un renombrado profesor de Literatura Africana en la Universidad de California desde hace 15 años.

En Ají Picante, un niño de apellido infinito vive en un orfanato desde bebé. Cada semana espera la llegada del cura, que es a la vez profesor, padre sustituto y fuente de esperanza. Pero estamos en el Congo, acaba de estallar una revolución comunista y los religiosos son expulsados. La doctrina del partido, la servidumbre a la que obliga el poder revolucionario, sus reglas estrictas, infectan la vida. Ají Picante se escapa a Pointe-Noire y empieza otra vida.

En todos los escritos de Mabanckou se rastrea parte de su vida, de su infancia y adolescencia. Su niñez, contada en Mañana tendré 20 años, de 2010, estuvo atravesada por las ideas comunistas vigentes en los años 70 y 80 en países africanos, influenciados en gran parte por la Unión Soviética: por caso, el instituto de donde egresa se llama “Karl Marx”.

Multipremiado, en 2016, le escribió una carta abierta a Francois Hollande, presidente de Francia en ese momento, por la situación socio-política de su país: arrestos arbitrarios, elecciones fraudulentas y violencia, en un país gobernado desde 1979 por Denis Sassou-Nguesso (con una pausa entre 1992 y 1997) .

“La duración de una dictadura –ha reflexionado este talentoso escritor– depende de la duración de nuestro silencio. Una vez que hablamos, el dictador contraataca, porque no entiende que la palabra pueda ser más poderosa que las armas”.

 

–¿Conoce algo de Argentina y de su literatura?

–Leí mucho Ernesto Sabato, es uno de mis autores preferidos, El túnel, Abaddón, el exterminador, los leo todo el tiempo. Es uno de los más grandes autores del absurdo, que sabe organizar a partir de los sentimientos más sencillos un relato asombroso. Por ejemplo en El túnel se ve cómo construye el relato a partir de los celos entre un artista y una mujer. Es alguien que me ha enseñado mucho el sentido de la rapidez en un relato, cómo ser esencial, cómo usar un pequeño sentimiento para crear algo enorme.

–También le gusta mucho García Márquez y Vargas Llosa. En sus redes, se lo ha visto de viaje hace poco en Colombia y Perú.

–Quise hacer un viaje por los países de los escritores que me gustan. Empecé por Perú y luego me fui a Colombia, la tierra de Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba. Es el país de un escritor que queremos mucho en África. Porque el universo de García Márquez está cerca del nuestro, el universo del realismo mágico, de lo sobrenatural, en África lo vemos todos los días en la calle. Es posible que en un mercado haya muertos y vivos, todos están ahí. Eso sobrenatural es lo que encontré en Colombia. Me falta ir a la Argentina, para conocer el país de Ernesto Sabato.

–Hay mucho realismo mágico en su literatura. Pero García Márquez decía que esa era la realidad de las ciudades colombianas, que no era algo totalmente inventado, era lo que pasaba en su vida cotidiana. Él ha dicho, una y otra vez, que se inspiraba de lo que sucedía a su alrededor.

–El concepto de realismo mágico fue inventado por los occidentales que no llegaban a entender que la realidad en ciertos países en vías de desarrollo es una realidad compleja. Es decir, cada vez que Occidente no puede explicar fenómenos en países llamados en vías de desarrollo, crea un concepto para vestirnos con un concepto que no son los nuestros.

En cuanto al realismo mágico de Occidente, simplemente quieren decir que en ese país donde hace calor los misterios están por todas partes, las cosas son complicadas. Lo sobrenatural, lo mágico, son elementos que también están presentes en África y en América Latina.

Si vas al Congo, y alguien te dice ‘ayer me encontré con tu primo, que estaba muerto’, me lo tomo en serio, lo creo. En Occidente, me van a decir no, que no es razonable. Es un poco el espíritu de mi próximo libro que sale este mes en Francia, Le commerce des allongés, sobre muertos que vuelven a la vida para entender esa muerte que no aceptan. Está muerto sí, pero al otro día se levanta y dice no estoy de acuerdo. En Europa no se puede aceptar eso.

–En cuanto al niño Ají Picante, ¿hay algo de Mabanckou en él?

–Tiene cosas de alguien que conocí en un regreso al Congo, que tenía ese nombre, pero es también alguien a quien le di mis obsesiones, mis angustias, las preocupaciones de los originarios de África. A Ají Picante lo podés poner en cualquier país de África –y probablemente en América Latina también– y se sentirá cómodo en todas partes donde el pueblo sufra, donde haya chicos en la calle, donde haya desdichados.

Para mí, es el símbolo de África que busca su liberación en la calle, tiene la misión de representar todos los abandonados, los desesperados, los débiles de su ciudad y su país. Su historia es la historia de la venganza de los más débiles contra los más fuertes, él quiere defender a las prostitutas de la ciudad, pero el intendente va a buscarlas. Entonces, allí se lee la fábula de la victoria de los más débiles sobre los más poderosos. La victoria de la calle sobre el poder.

–Hay otros puntos en común: el cánon académico suele hablar, en términos generales, de “literatura latinoamericana” y “literatura africana”, mientras que no hablamos de “literatura europea” sino “francesa”, “española”, “alemana”, “italiana”, “rusa”.

–En general, se habla siempre de literatura africana, siendo que África es muy grande, África del Norte no es lo mismo que África del Sur. Los escritores en África son englobados en un marco general, continental. Y un escritor senegalés es diferente de un escritor congoleño. El senegalés está en un espacio musulmán, el congoleño en un espacio más cristiano, cree en fenómenos naturales, en el animismo: el congoleño está en el bosque, el senegalés está un poco en el desierto, son dos literaturas diferentes, como la literatura francesa es distinta de la literatura rusa.

Por eso nos sentimos cercanos a la literatura colombiana y peruana porque en Europa también se la engloba como literatura latinoamericana, cuando hay una multiplicidad de literatura y basta con estar ahí para darse cuenta. Cuando no se entiende un lugar, un espacio, se toman atajos. Pero hay que viajar y ver esas distinciones.

Me sorprendió por ejemplo como un escritor como Vargas Llosa podía escribir sobre el pueblo habiendo salido él mismo de la burguesía. Estuve en sus calles, estuve en Cuzco, me quedé sin aire, me tomé un tren para ir a Machu Picchu. Ese es el poder de la literatura. De la misma manera cuando leemos a García Márquez, cuando leemos sobre su vida, te das cuenta que ha escrito prácticamente su propia vida. Macondo esa ciudad imaginaria es casi igual a Aracataca.

–En ese sentido, ¿hace falta irse de su propio país para escribir sobre él? Les pasó justamente a García Márquez y Vargas Llosa.

–Hace falta a veces un poco de distancia para tener una visión panorámica de tu país. Y es porque estamos muy lejos que tenemos una fotografía más precisa del país. Desde que me alejé del Congo, creé una especie de vena nostálgica. Tenía la impresión que si no dibujaba todos los días el contorno de mi país me arriesgaba a perderlo todo.

Tenía la intención de que la escritura se convirtiera para mí un lugar donde esconder los últimos tesoros de mi infancia y juventud. Y que si no me ocupaba de ese tesoro corría el riesgo de perderme a mí mismo. Escribí en Francia y muchos congoleños y africanos del centro se identificaron con lo que yo contaba porque describía el África de los años 70, 80; el amor que sentimos por nuestra madre, el amor de la calle, de los paisajes que dejamos.

La lejanía, el viaje, la distancia, la migración, terminaron por crear un sentimiento de urgencia en la escritura. Escribimos para curarnos del dolor de sentir que el país está muy lejos. Estoy convencido de que las grandes obras de los grandes escritores, o muchas de ellas, fueron escritas mientras estaban lejos de sus países.

Incluso para los franceses, los poemas más lindos de Victor Hugo fueron escritos cuando estaba exiliado en Inglaterra, en Bélgica. El escritor es como la tortuga: se pasea con un caparazón y ese caparazón es la geografía de su país. Frena, sale del caparazón, lo mira y empieza a describirlo: es su tierra natal.

–¿Hace mucho que no va al Congo?

–Se van a cumplir 10 años, tuve algunos problemas políticos por mis opiniones y críticas a dictadores y entonces por mi seguridad evito de acercarme, pero voy a todos los países de alrededor. Hace poco fui a Kenia, Ruanda, República Democrática del Congo, el país vecino, pero no al Congo Brazzaville.

–¿Todavía tiene familia allá?

–En la ciudad de Pointe Noire, están mis primos, mis tíos, mis padres murieron. Las videollamadas son muy difíciles para ellos, no hay conexión, la pobreza es total.

–Justamente la historia, los problemas sociales, la esclavitud, el racismo, la colonización, son temas siempre presentes en su literatura, como un homenaje a su tierra de nacimiento.

–Siempre escribo con la idea de que una justicia social puede existir. Pero también te das cuenta de que no puede haber justicia social si no hay justicia económica. Hemos regresado a la época del marxismo leninismo, donde los marxistas pensaban siempre que las sociedades tienen el color de la economía existente. Si tenemos una economía capitalista, las reglas de la sociedad son entonces capitalistas. Es decir los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres.

En África soñamos con sociedades socialistas-comunistas, estábamos contentos, abrazábamos esa disciplina, esa ideología. Estudiamos Karl Marx, Lenin, los principios fundamentales del comunismo, los regímenes socio-comunistas en África.

Y después nos dimos cuenta de que los regímenes comunistas también traían con ellos el culto a la personalidad de los dirigentes. Lenin se decía comunista, Trotzsky se decía revolucionario, pero eran personas que autoritariamente no soportaban otro poder a su lado. Había una sola democracia, la dictadura del comunismo. El comunismo y el socialismo empujaron a los africanos a tener dictadores por todos lados que siguen todavía en el país hoy después de 30 o 40 años. Y que se declaran comunistas.

Los africanos estábamos en una situación en la que la justicia social no podía conseguirse ni a través del capitalismo ni a través del comunismo. ¿Qué nos queda por hacer? Están abandonados a su propia suerte. Por eso en Ají Picante tenemos vengadores que salen de la sociedad, dado que no hay una justicia en que las mismas prostitutas encuentren sus derechos, entonces Ají Picante toma un cuchillo y va a atacar al intendente, que cazaba a las prostitutas, porque esa prostitutas fueron la ayuda que tuvo cuando estuvo en dificultades.

–El último Premio Nobel, Abdulrazak Gurnah, nació en Tanzania pero escribe en inglés, usted escribe en francés, la lengua oficial del Congo es el francés. ¿Qué opina de ese lugar de la lengua dominante en la literatura de su continente?

–Gran parte de los países africanos fueron colonizados por Europa, es decir, les fue impuesta su cultura y lengua. Así muchas lenguas africanas sufrieron una cierta decapitación por el imperialismo lingüístico de Europa. Entonces nos hacemos muchas preguntas de por qué seguimos escribiendo en una lenguas que nos han dominado, en una lengua que no es la propia, una lengua que nos redujo a la servidumbre.

Personalmente, nunca tuve complejos con la lengua francesa, me hizo falta un gran proceso para incorporar esa lengua de la dominación. Y que si quiero discutir con quien me ha dominado, si quiero decirle la verdad a la cara, se las voy a decir en su lengua y se las diré de la manera más linda que pueda, de la manera más elegante y de la manera más humorística posible con todas las imágenes que puedo evocar de todas mis lenguas africanas que ellos desplazaron.

Además todas esas lenguas europeas no sobreviven más que porque hay extranjeros que las utilizan. Hoy el español sobrevive porque ustedes en Argentina escriben en español, o en Colombia. ¿O por qué se retrae la literatura alemana o italiana? Porque no tienen un espacio más vasto que sus propios países o los países vecinos, ¿quién más habla alemán que no sea alemán o una parte de Suiza, Bélgica?

–¿Y en el caso del francés?

–Es distinto: hay africanos que escriben en francés o canadienses del Quebec. La mundialización de la lengua hoy se escapa a los dominadores. ¿Acaso es la Academia Francesa la responsable de la lengua francesa hoy? No. La lengua francesa se hizo más grande, no es más una lengua de Francia únicamente, es la lengua de quien quiere tomar la palabra de quien quiera reclamarles algo a todos los que nos colonizaron.

A los colonizadores hay que tomarlos por su propio vocabulario. Si querés desnudar a tu colonizador y hacerle sentir vergüenza no uses tu propia lengua, usá la lengua de él, desafialo. Vino a tu continente sin tener la delicadeza de aprender tu lengua. Yo puedo hablar de él en mi lengua y no se dará cuenta. Pero él no puede decirme cualquier cosa porque entiendo su lengua. Y además soy uno de los que preserva y cuida su lengua.

 

Mabanckou Básico

Nació en 1966 en la República del Congo y pasó su infancia en Pointe-Noire, capital económica del país.
Se licenció en Literatura y Filosofía y es una de las figuras más relevantes de la literatura africana contemporánea.
Ha publicado novelas, obras de poesía, libros de relatos y ensayos que se tradujeron a más de veinte lenguas. Ha recibido, entre otros, el premio Renaudot por Mémoires de porc-épic; el premio de novela Ouest-France-Etonnants Voyageurs, el premio de los Cinco Continentes de la Francofonía y el premio RFO del libro por Verre Cassé.
En la actualidad es profesor de Estudios de habla francesa y Literatura comparada en la UCLA, la Universidad de California-Los Ángeles.