Gustavo J. Nahmías escribió El inmortal, donde hace hablar al último Sarmiento con una precisión envidiable. Sarmiento, el que ajusta cuentas con la historia y con su pasado, el que añora a su hijo, el que amó, peleó, repudió y fue repudiado, el que pretende en el futuro no ser indiferente para nadie. Una novela que indaga en su pensamiento, donde el fluir de su conciencia sigue intacta a pesar de su condición física marcada por el paso de los años. Su mente no se detiene y un torrente de recuerdos lo llenan de imágenes del pasado. Ficción y realidad, literatura y poder, educación y guerra en una novela memorable.

Pocas figuras históricas de la Argentina se encuentran tan asociadas al aula como Domingo Faustino Sarmiento. Y en igual medida, a la controversia. Ya sea para ensalzar su figura o para cubrirla de escarnio, la vida y obra, luchas y pasiones de uno de nuestros personajes nacionales más importantes no deja a nadie indiferente. Así lo define Cecilia Sarthe, quien escribió la siguiente Nota para Infobae:

 

Martes 13 de Septiembre de 2022

 

Para hablar del padre del aula saliendo de los maniqueísmos convencionales, necesitamos hacerlo desde el discurso que mejor puede explorar las sutilezas de lo humano: la literatura.

Gustavo J. Nahmías, doctor en Ciencias Sociales, escribió El inmortal, una nouvelle que indaga en el pensamiento de Sarmiento. El autor imagina al prócer, ya mayor, postrado en su lecho de muerte. La quietud física del anciano no condice, sin embargo, con el fluir de su conciencia. Su mente no se detiene y un torrente de recuerdos lo llenan de imágenes del pasado.

“Qué largos son los días y las noches del postrado. Estar postrado es precisar siempre de alguien. No puedo comer sin ayuda. No me puedo mover sin ayuda. Me giran para un lado, me dan vuelta para el otro. Me meten la chata, me limpian… Otra noche más sin dormir. Voy a tener que pensar en algo que me distraiga”.

En esa noche que precede a la muerte, Sarmiento se encuentra solo con su alma: llegó la hora de ajustar cuentas con su pasado. Lo cual significa hacerlo también con la historia, esa que ya lo está convirtiendo, a medida que abandona su vida, en uno de sus personajes principales, al menos para estas tierras.

“Hombre, pueblo, Nación, Estado: todo está en los humildes bancos de la escuela”. Domingo F. Sarmiento

“Ya los imagino en el futuro a esos profesores de historia argentina o de literatura preguntándose: ¿Conocía La Pampa en 1850? ¿Había visitado la isla Martín García? ¿Bajo qué género podemos calificar el Facundo, ensayo, literatura, sociología? (…) Rosas lo advirtió cuando leyó mi libro: ‘¡Así se ataca, señores! A ver si alguno de ustedes es capaz de defenderme del mismo modo’, dijo. ¡Y así es como debía leerse mi Facundo! Como lo leen mis enemigos.”.

La obra de Nahmías está estructurada en breves episodios que marcan las distintas etapas que el convaleciente Sarmiento debe atravesar. Como lectores, debemos pasar con él por estos estadíos: Ensueño, Alivio, Vigilia, Desvelo, Sosiego, Intriga, Advertencia, Consunción, Languidez, Sedante, Lasitud, Deszón e Impotencia, hasta llegar a la Travesía del final.

En un ida y vuelta constante entre el afuera y el adentro, entre lo público y lo privado, podemos conocer en la pluma de Nahmías a un Sarmiento íntimo. Esta cercanía es posible solo gracias al poder imaginativo de la literatura. Piensa el Sarmiento de Nahmías:

“Que el 21 de septiembre sea feriado nacional. No. Que solo los alumnos tengan asueto escolar. Yo el padre del aula les regalo a todos los estudiantes de la patria un día de descanso… Una compensación al esfuerzo y al trabajo… Y a los maestros también les regalo un día. Les regalo el día de mi muerte para que las generaciones futuras me recuerden… Que mi muerte se rememore en cada una de las maestras que abrazan esta vocación. Que el 11 de septiembre no se recuerde ni mi fallecimiento ni el levantamiento de Mitre. Que se conmemore el día del maestro”.