La enfermad cambia radicalmente la mirada. El enfermo, cuando es lector voraz, escritor y editor, busca signos y señales que reescriban, aunque sea de manera fugaz, un presente incierto en el que las experiencias no sean colonizadas por el lenguaje bélico. En vez de darle la espalda al mundo que lo rodea, sale de sí mismo, de su cuerpo aunque no de su mente, para situarse en lo que se podría denominar “un yo entre los otros”. Ventana magnética (Edhasa), de Fernando Fagnani, es un libro tan original y distinto en su despliegue de erudición, lucidez y sensibilidad, que los adjetivos, además de torpes y estrechos, cierran en vez de abrir lo que logra un escritor cuando se empeña en correrse de esa especie de callejón sin salida que implica devenir paciente.
La palabra cáncer no se repite hasta la náusea, aunque haya sido el paisaje vital del narrador desde el diagnóstico hasta el tratamiento, “entre ocho y nueve meses; un bebé al revés. No para que algo nazca sino para que desaparezca”, escribe persiguiendo la máxima eficacia de las palabras, una precisión casi poética. No hay negación de la enfermedad, sino un modo de ser y estar en el mundo en el que intenta no perder ni resignar lo que constituye una parte medular de su identidad: leer y escribir. Libro de una belleza condensada en 94 páginas, está estructurado en dos partes: la primera es más externa y el narrador va recorriendo la ciudad -especialmente el trayecto que va del barrio de Belgrano a Almagro- como si el zoom de su mirada se detuviera en detalles que pueden resultar “inesperados oasis”, pero también emergen rechazos reveladores de la intimidad del sujeto, como la claustrofobia que le provoca la zona del Hospital Italiano, con su lodazal de bocinas, autos y gente nerviosa. O su cuestionamiento a la confitería Las Violetas, “esa obscenidad que aspira a reunir de manera natural (…) la tradición, la distinción y lo popular educado”. En la segunda parte, el movimiento es hacia el interior de su familia y lo que ocurre a partir del diagnóstico, en noviembre de 2024, con la esposa y la hija del narrador, además de su madre y padre.
