Jorge Rafael Videla reza de rodillas, con los ojos cerrados, los pulgares apoyados sobre la frente. Viste traje de civil. Es durante una misa en 1981, en la sede del Edificio Libertador, con motivo del Día del Ejército. La foto, tomada por Eduardo Longoni, ilustra la tapa de Confesiones de Estado. La estrategia de la dictadura frente a la Iglesia argentina, 1976-1983 (EDHASA), de los teólogos Luis O. Liberti y Federico Tavelli. Para ese entonces, el dictador ya le había reconocido en reuniones secretas en 1979 y 1980 al nuncio apostólico, Pío Laghi, que el régimen había hecho desaparecer para siempre a miles de personas. Otro militar, el contraalmirante Eduardo Fracassi, en otro encuentro privado con obispos argentinos, en 1977 habia revelado que tenían “prisioneros ocultos” y que hacían simulacros de “juicios”, por supuesto clandestinos, que terminaban en el fusilamiento de detenidos y que esas muertes se hacían pasar por enfrentamientos callejeros.

Liberti (sacerdote de la Congregación del Verbo Divino) y Tavelli (investigador de la Universidad Albert-Ludwig, de Friburgo, Alemania), formaron parte del equipo de autores de los tres tomos de La verdad los hará libres (Planeta). En este nuevo libro, que en cierto sentido estaba latente en los anteriores, echan luz sobre cuál fue la política de la dictadura hacia la Iglesia en el periodo 1976-1983. Una mañana en la enorme biblioteca de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA), en el barrio porteño de Villa Devoto, es lo que nimba la charla con Ñ, mientras ejemplares de la Septuaginta (la primera traducción griega de la Biblia), entre miles de volúmenes, dan fe del encuentro.
–La dictadura planificó con antelación tanto el modelo económico que iba a llevar adelante como el tipo de organización interna que iba a tomar el Estado y la represión clandestina. ¿La política hacia la Iglesia también se elaboró previamente?
–Federico Tavelli: Cuando terminamos la otra investigación nos cayó la ficha de que esa política estaba pensada, que había una estrategia. Creemos y mostramos, y es lo propio de este libro, que la dictadura sí tuvo una estrategia ante la Iglesia, y era plenamente consciente que necesitaba que la Iglesia no obstaculizara la acción de la dictadura.
–Luis Liberti: Pudimos incorporar otros archivos a los que antes no habíamos tenido acceso. Hemos incorporado documentación nueva. Y así, a posteriori, nos fuimos dando cuenta cómo se fue desarrollando esa estrategia.
–¿Qué tipo de archivos nuevos pudieron consultar?
–FT: Accedimos a otros archivos de la Iglesia y fue muy importante la información desclasificada del gobierno de Estados Unidos, tanto de la Secretaría de Estado, de la CIA y otros organismos. Así podíamos leer sobre las reuniones de los militares con Herny Kissinger o con el embajador de Estados Unidos, Robert Hill.
–LL: Hemos dado con otros archivos, como el Fondo Bresci (nota del r: recolectado por el sacerdote Domingo Bresci). Y hemos incorporado trabajos de algunos obispos,tuvimos contacto con libros y reflexiones de obispos sobre la relación entre ellos y el Estado.

–¿De la nueva documentación qué es lo que más los impactó?
–FT: En mi caso fue la documentación de Estados Unidos. Pudimos ver que el apoyo que le daba Estados Unidos a la dictadura estaba supeditado a que no se supiera en el extranjero lo que realmente estaba ocurriendo. Y por supuesto la Iglesia, en tanto institución nacional e internacional, podía ser un medio a través del cual se conocieran las violaciones a los derechos humanos. Vimos cómo desde el Ministerio de Relaciones Exteriores se les escribía a los demás ministros para decirles cómo debía ser la estrategia ante la Iglesia, y cómo evitar que trascendiera lo que estaba sucediendo. Eso fue muy revelador.
–LL: Cuando Paulo VI recibe al nuevo embajador argentino, Rubén Blanco, le pide en la bienvenida explicaciones claras sobre los asesinatos de católicos, como los de los palotinosy los de La Rioja. Entre los documentos nuevos que encontramos en el Fondo Bresci , como dice Federico, hay una carta del ministro de Relaciones Exteriores diciéndole al ministro de Defensa una especie de protoloco de cómo debían actuar las Fuerzas Armadas si iban a una parroquia. Aquella palabra de Paulo VI tuvo repercusión, por eso el ministro tuvo que hacer ese protocolo. Y hemos encontrado también que escribía mucho el director de Culto, el teniente coronel José Picciuolo. Hacía informes sobre cómo reaccionaba la Iglesia, la pedía a los obispos estadísticas y datos sobre curas, seminaristas, alumnos, nombres..
–Ustedes señalan esa especie de “protocolo” que el canciller de la dictadura, almirante César Guzzetti, le envió a su colega de Defensa, el brigadier José María Klix. Sin embargo, siguieron sucediendo crímenes contra integrantes de la Iglesia….
–LL: Los abusos se siguieron dando, pero por testimonios de obispos que eran curas en esa época, algunas cosas menguaron. A nivel de protocolo, empezaron a tener cierto cuidado.
–FT: Uno ve ahí cómo se produce un cambio. Ahora, ese cambio no implica un cambio en las intenciones ni en los objetivos. Un cambio es que fuese todo más prolijo. No era un cambio esencial.

–Afirman que el crimen cometido por los grupos de tareas de la dictadura contra los palotinos, el 4 de julio de 1976, en lo que se llama “La masacre de San Patricio”, obligó a la Iglesia a “repensar” el vínculo que tenía con los militares. ¿Qué implicó ese “repensar? Porque crímenes siguieron sucediéndose desde el poder, y la Iglesia públicamente no los denunció.
–LL: Si uno dice que el Estado tuvo una estrategia, lo que hemos podido constatar a nivel de la jerarquía de la Iglesia, es que la estrategia fue la de no hacer públicas las críticas. Siempre hubo mucho miedo a que viniera un gobierno peor. Ese temor era constante entre los obispos. Hasta en 1983 lo seguían diciendo.
–FT: Lo del repensar…estamos hablado del ‘76 con lo de los palotinos, que es un golpe muy muy fuerte en una parroquia, directamente contra curas y seminaristas. Y ese crimen, más otros que se fueron sumando, hicieron pensar a los obispos en el sentido de “¿cómo es esto? No se supone que quieren restablecer la paz, y matan así, abiertamente a miembros de la Iglesia? El repensar es “esto nos afecta a anosotros como obispos, porque nos están matando a los propios religiosos en nuestras iglesias”. Es un darse cuenta dela gravedad de los hechos. Eso no significa que después tuvieran una actitud pública distinta.
En reuniones privadas de los militares con la Comisión de Enlace de la Conferencia Episcopal, aquellos reconocían a cuentagotas que desaparecían a personas y que hacían simulacros de juicios que terminaban en fusilamientos. ¿Esa política de ir entregando información en dosis pequeñas sobre crimenes no era una manera también de involucrar a la Iglesia? Porque si uno no revela ese tipo de secretos, termina volviéndose cómplice.
–FT: Pienso que eso funcionó para contener el incendio y que la Iglesia no se volviera en contra. Hacia el final de la dictadura aparece con más claridad cuando intentan involucrar a la Iglesia en un lavado de culpas, como diciendo “ya nos confesamos, vamos a entregar el poder a un gobierno democrático, ayúdennos a salir limpios de esta guerra sucia”.

–La idea de reconciliación necesita previamente que se reconozcan los crímenes cometidos, que haya un arrepentimiento y que uno se coloque a disposición de la Justicia. Es muy retorcida la idea de “reconciliación” propuesta , porque ¿de qué habría que reconciliarse si oficialmente no habían sucedido crímenes desde el poder?
–LL: Los miitares tomaban una idea muy vaga de reconciliación. La Iglesia no entró en eso, porque se dio cuenta que se buscaba un “acá no pasó nada”. Fue una idea que no cuajó. No estaban dando los pasos necesarios para reconocer y enmendar. Teológicamente no había sustento.
–FT: Una reconciliación hubiese supuesto reconocer los crímenes. Huo reconocimientos en circunstancias privadas, pero se hubiese necesitado que esos reconocimientos hubieran sido hechos públicos, haber indicado dónde estaban los desaparecidos, poner a disposición archivos…los militares confundían deliberadamente dos términos: reconciliación y amnistía.
–Los obispos buscaban influir en los militares, instándolos, entre elogios, a “moderar” la represión. ¿Existió una sobrevaloración de su propio rol por parte de los obispos?
–LL: Es buena la pregunta…
–FT: Había un sistema en el que funcionaba la Iglesia desde hacía décadas respecto del poder, especialmente respecto del poder militar, en donde la Iglesia cumplía una especie de función, mediante la cual los obispos creían que su palabra iba a tener peso en lo que los militares estaban haciendo. Ese fue el error de diagnóstico. Los obispos creyeron que, a través de exhortaciones privadas, iban a lograr cambiar la conducta de los militares. No lo lograron.
–Grupos de tareas presumiblemente policiales o de servicios de inteligencia fueron los responsables de la Masacre de San Patricio; la Marina secuestró e hizo desaparecer a las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet; la Fuerza Aérea, el Ejército y la policía estuvieron involucrados en la muerte del obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, presentada como un “accidente automovilístico”. Pareciera que cada fuerza provocó su cuota de derramamiento de sangre de religiosos católicos en aquellos años..
–FT: Totalmente.
–LL: Así fue.
–Ustedes, desde distintos roles, forman parte de la Iglesia.. ¿Les provoca dolor la actitud de ella en aquellos años?
–LL: Hay que seguir haciendo memoria. La memoria no es que acaba porque pasó hace 50 años. Cada papel que dimos vuelta era una persona. Lo que más shockea es eso. A mí todo esto me ha dejado una memoria dolorosa y penitente, porque no estuvimos a la altura.
–FT: Me parece importante el tema de la memoria, la memoria concreta de las que personas que existieron y murieron en esa época. Decir “trabajar con documentos” suena abstracto, pero son papeles, fotos de personas, historias de vida, vimos fotos de cuando estas personas eran chicas, o en situaciones familiares, o en ambientes de felicidad.

Que Argentina tuviera como Estado una política terrorista nos tiene que interpelar todo el tiempo. Claro que existió una violencia previa, de las guerrillas, y la muerte de cualquier persona es igual en cuanto al valor de ella y la tristeza de sus familiares, pero cambia quién realiza ese crimen, hay una gravedad extra si es el Estado, como es más grave cuando un padre mata a un hijo o un marido a su mujer. Estos trabajos son importantes para mantener vida la memoria. Sobre todo por esas personas que ya no están.
